Análisis de la Fundación Empresarios por la educación sobre los propósitos de la escuela en la formación de ciudadanos.

 

Por: Diego Arbeláez Muñoz*

El que los estudiantes aprendan a leer es parte de los objetivos de toda escuela, y el que los adultos lo sepan hacer se da por sentado. No obstante, saber leer la realidad más allá de la interpretación de un texto requiere la actitud adulta de estar en aprendizaje permanente.

Leer la realidad se inicia de la “piel pa’dentro”, empieza por el libro interior del ser maestro, papá o mamá. Así mismo, leer el laboratorio de interacciones humanas que es la escuela obliga a ver-se y a ver-nos.

Saber leer la diversidad de los humanos en la escuela, las historias distintas que los habitan, los lazos y vínculos que los tejen, y las huellas del miedo grabadas durante años requiere de una sensibilidad especial hacia la vida, que haga posible pasar del puente del temor a la confianza, del desalojo a la pertenencia, de tantos engaños a la oportunidad del encuentro que repara.

Así, el currículo tendrá que responder a la formación de un ciudadano ético, participativo y responsable que, frente a la duda, sepa desde las pequeñas cosas no dar el paso a un acto de corrupción y que sepa que tener conciencia de cuidado, de convivir mejor, de honrar la vida de los demás y de ser honesto no lo hace tonto, “sin viveza”, sino que lo hace justamente un ciudadano responsable.

Vea sobre la responsabilidad de la escuela

Es por estas razones que la educación se debe asumir como un acto profundamente político, sensiblemente ético y necesariamente estético. Político, porque decidir qué se quiere vivir, con qué proyecto de vida y libre de amenazas y humillaciones, como pilares de la dignidad humana, nos hace libres, valiosos por el solo hecho de ser humanos. Ético, porque aprender a tomar las mejores decisiones, asumiendo las consecuencias, nos hace confiables, y, por último, estético, porque aprender a leer la grandeza que hay en los demás, la belleza de los hilos que nos vinculan nos hace más humanos.

Por eso, la dimensión que tiene leer la diversidad que somos en etnias, lenguas, creencias políticas, religiosas y sociales nos urge a que transformemos la etiqueta con la que se marca a los demás, por estar de acuerdo o no con la forma de leer la vida, la verdad que se quiere imponer por encima de las otras para ganar adeptos o la violencia que se perpetúa absurdamente para mantener ciertos tipos de poder.

Lea sobre el proyecto educativo

Podríamos empezar por leer la potencia que tienen el cuerpo y las emociones que surgen durante las interacciones en la escuela. Como lo propone Casassus, leamos la importancia de “crear un clima emocional que inicie en el aula. Se trata de una construcción muy sencilla: es el tipo y calidad de vínculo entre profesor y alumnos, entre los alumnos entre sí, y el clima que emerge de esa doble vinculación. Cuando un maestro logra que cada uno de sus estudiantes se sepa visto, escuchado, contenido y sostenido, sin juicios ni críticas por ser quien es, es más fácil aprender a ser pacífico y a estar en paz”.

Leamos las señales de esperanza, como lo expresa la niña de 11 años en la vereda de Cuaical, en zona rural de Cumbal (Nariño), que cuando le pregunté cómo se sentía, con lágrimas en los ojos me dijo: “Ya no tengo miedo de ir a la escuela, ya se terminaron los combates y mis papás han dejado de sufrir…”.

*Asesor en la Fundación Empresarios por la Educación, una organización de la sociedad civil que conecta sueños, proyectos, actores y recursos para contribuir al mejoramiento de la calidad educativa.

Fuente original: EL MUNDO