Por Alberto Espinosa López  

Ser líder es tener la capacidad de inspirar, orientar y dirigir a los demás para lograr resultados sobresalientes, convivir en armonía, crecer, desarrollarse y contribuir al mejoramiento de los que nos rodean. 

El momento actual requiere preguntarnos: ¿Para dónde vamos?, ¿qué planeta, qué país, qué sociedad le estamos dejando a las nuevas generaciones?, ¿qué vida le estamos ofreciendo al niño que llega hoy al mundo? 

Si analizamos el entorno actual, las nuevas tecnologías y herramientas y cómo éstas están afectando la vida, creencias, valores, ideales, sueños, concepciones de felicidad, éxito y realización; y observamos quiénes son los líderes actuales, qué ejemplo están dando, concluimos que hay cosas que como humanos debemos cuestionar. 

Empezar, por ejemplo, por comprender que mientras otros seres vivos no puedan cuestionar su naturaleza, los seres humanos somos el único ser con la capacidad de pensar, planear y construir un proyecto de vida que nos permita identificar y aprovechar nuestros talentos y convertir nuestros sueños en realidad, replanteando hacia dónde nos arrastran los avances de la tecnología y los líderes del mundo actual. 

Solo basta con mirar atrás, para entender que, a lo largo de la historia en las distintas civilizaciones, han existido seres humanos con creencias, hábitos, comportamientos y herramientas que les permitieron convivir en armonía y generar oportunidades de crecimiento, mejoramiento y desarrollo que nos sirven de ejemplo para lograr lo que queremos ser.   

Encontramos ejemplos de comunidades que además de ofrecer a todos sus miembros la capacidad de satisfacer sus necesidades básicas de supervivencia, ofrecen oportunidades para satisfacer necesidades intelectuales, emocionales y existenciales que los conducen a ser seres humanos íntegros, responsables, solidarios y más humanos. Dichas oportunidades del ser han comenzado desde la formación de los futuros padres, fuente principal de formación con el ejemplo. Al nacer, el niño tendrá la posibilidad de experimentar el mundo y sus concepciones sobre qué significa ser humano, cuál es el sentido de la vida y qué significar llegar a ser alguien, vendrá de sus padres, la fuente de inspiración del niño y sus creencias, valores, actitudes, hábitos y comportamientos que serán -probablemente- el modelo que él seguirá. Vivencias y experiencias en el hogar y en los espacios de convivencia con otros le permitirán dar los primeros pasos de ese proceso de aprendizaje. Proceso, que le permitirá tener acceso a la ciencia, la tecnología, la filosofía, la historia, la literatura, el arte y a todo el conocimiento de los que nos precedieron, dejando huellas que inspiran a cada uno para descubrir lo que puede llegar a ser. 

Además del conocimiento, este proceso de aprendizaje le conducirá a la sabiduría, a ser un humano capaz de aprender a vivir; pensar, reflexionar y meditar para planear, hacer, convivir, evaluar y mejorar aportando a la construcción de un mundo mejor. 

Entenderá entonces, que cada día es una oportunidad, para conocernos y cultivarnos, para aprender y desaprender, cuestionándonos y despertando para tomar conciencia del mundo en que vivimos; ¿mo aprovechar los adelantos tecnológicos y los cambios que estos implican; analizar los atributos de los que lideran el mundo y tomar una posición crítica y constructiva frente a lo que se está viviendo para no perder el norte de lo que para cada uno es el sentido de su vida y el legado que quiere dejar? 

A lo largo del proceso de aprendizaje, el ser humano maduro, bien formado, ha aprendido de todos los que lo precedieron y tiene claro quién es y qué quiere hacer con su vida, tiene principios, creencias y valores que le permiten lograr un desarrollo equilibrado en sus distintas dimensiones y avanzar permanentemente hacia su plena realización, respetando y viviendo en armonía con los demás. 

Al lograrlo, el ser humano tendrá la posibilidad de desarrollar la capacidad de liderazgo, que comienza por liderarse a sí mismo, tener capacidad de planear el desarrollo equilibrado, las estrategias y acciones para convertir los sueños en realidades e implementar métodos y procesos que conduzcan al logro de los resultados deseados y por supuesto, al mejoramiento permanente. 

Está claro que el ser humano que es capaz de liderarse a sí mismo y lograr el desarrollo equilibrado en sus diferentes dimensiones, aprende a liderar a otros con su ejemplo y contribuye a la transformación de su comunidad. 

Por último, el proceso de formación del ser humano nos conduce a cuestionar y definir un propósito superior que genere pasión, entusiasmo y alegría, aportando a los que nos rodean todo lo que esté a nuestro alcance. Si soñamos con un mundo mejor para las nuevas generaciones, debemos comenzar por cambiar nosotros y lograr ser ejemplo para ellos. Teniendo esto claro, volvemos al comienzo: ¿Para dónde vamos?, ¿qué sociedad le estamos dejando a las nuevas generaciones?, ¿qué vida le estamos ofreciendo al niño que llega hoy al mundo? ¿Cuáles son los deberes, obligaciones, compromisos y responsabilidades que eso implica? Preguntas que cada uno de nosotros como educadores debería hacerse.