Tres grandes temas preocupan al mundo actual: la pobreza, la violencia y el ambiente, no sólo desde la reflexión de académicos, humanistas, políticos, etc., sino desde las agendas nacionales e internacionales, en las que se han posicionado.

Tres grandes temas preocupan al mundo actual: la pobreza, la violencia y el ambiente, no sólo desde la reflexión de académicos, humanistas, políticos, etc., sino desde las agendas nacionales e internacionales, en las que se han posicionado como prioridades fundamentales para el desarrollo. Las preguntas que hoy nos planteamos los colombianos no difieren de las que recorren el mundo: no sólo se ha globalizado la economía, también lo han hecho muchos de los problemas socioculturales: la crisis ambiental, el empobrecimiento de las poblaciones, la crisis de valores, entre otros, todos asuntos centrales de las políticas mundiales.

La solución a los graves problemas que afrontamos, o al menos la posibilidad de contribuir a su solución, implica consolidar espacios de reflexión y acción permanentes para un nuevo ethos y una nueva cultura. Necesitamos que la educación sea valorada como estrategia prioritaria para alcanzar los cambios sociales requeridos y que la educación ambiental, desde su discurso crítico y proactivo, sea comprendida como una herramienta poderosa, posibilitadora de transformaciones profundas.

La Política Nacional de Educación Ambiental traza las directrices para incorporar la dimensión ambiental en todos los niveles y escenarios de la educación, y es soportada en procesos de concertación con los diferentes actores involucrados locales y nacionales. Por eso, la educación ambiental no puede limitarse a un ejercicio de conocimiento y comprensión de la naturaleza como algo externo, que en el mejor de los casos buscamos preservar y cuidar, sin cuestionar el sistema económico, social y cultural en el que vivimos. Tras veinte años de desarrollo, hoy contamos con una propuesta de educación ambiental seria y transformadora, que involucra a la escuela con su contexto, integrando problemáticas identificadas por la comunidad educativa y llevándolas a las ciencias sociales y naturales, las matemáticas, el lenguaje, la estética y la ética, creando espacios de dialogo, además, con los saberes tradicionales y cotidianos.

De la reflexión y la acción de cada uno de los actores involucrados depende que la educación ambiental continúe siendo parte integral de la formación de individuos y colectivos de todo el país, para que la sostenibilidad y la calidad de vida y de la educación sean conceptos incorporados armónicamente a la vida cotidiana, al desarrollo local y, en general, a las dinámicas regionales.

La “Carta de la Tierra”, declaración internacional de principios y propuestas lo expresa de manera potente: “La elección es nuestra: formar una sociedad global para cuidar la Tierra y cuidarnos unos a otros, o arriesgarnos a la destrucción de nosotros mismos y de la diversidad de la vida. Se necesitan cambios fundamentales en nuestros valores, instituciones y formas de vida. Debemos darnos cuenta de que, una vez satisfechas las necesidades básicas, el desarrollo humano se refiere primordialmente a ser más, no a tener más. Poseemos el conocimiento y la tecnología necesarios para proveer a todos y para reducir nuestros impactos sobre el medio ambiente. El surgimiento de una sociedad civil global está creando nuevas oportunidades para construir un mundo democrático y humanitario. Nuestros retos ambientales, económicos, políticos, sociales y espirituales están interrelacionados y juntos podemos proponer y concretar soluciones comprensivas”.

Los retos ambientales son fundamentales para la educación. Basta con revisar cada uno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU para saber que detrás de cada uno hay una invitación a transformar nuestros modelos de desarrollo, a superar exclusiones y a comprender que la protección del planeta es la protección de quienes lo habitamos: debemos movilizarnos, más allá de la queja, para aportar al logro de sociedades más equitativas, justas y sostenibles para todos.

María Clara Ortiz *

*Subdirectora de la Fundación Empresarios por la Educación, una organización de la sociedad civil que conecta sueños, proyectos, actores y recursos para contribuir al mejoramiento de la calidad educativa.

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